Esto es una idea absurda. Para que tenga algo de sentido tendrás que aceptar muchos hechos hipotéticos, y no podrás cuestionarlos. Si quieres, cuestiona la idea final, pero déjame el camino tranquilo.

Imagina que existe la tecnología suficiente -y lo suficientemente fiable, segura y accesible- como para que cada ciudadano de bien y de mal pulse un botón del mando de su tele, o mande un mensaje por móvil, o haga un 'clic' con el ratón, o se baje a una pseudo-cabina telefónica y pulse una tecla. Y esa "pulsación", que puede significar "sí", o puede significar "no", o puede significar "vulva" o "pene" o "un bol de Korn Flakes", llega a una entidad capaz de tenerla en cuenta. Y la del vecino. Y la de su tía, su cuñado, el primo de Algeciras, su vieja, etc. En general, que cualquiera en un país puede pulsar una tecla -o un 'clic'- y hacerse oir. Repito, con toda la seguridad de que no hay manipulaciones, ni tal ni cual. Ni nada de lo que se te pueda ocurrir que pueda fallar. Todo eso ya está superado.

El sistema es perfecto, y el sistema no tiene fallos. No me digas que tiene fallos, porque ya estarías vulnerando nuestro precontrato.


Ahora imagina que cada vez que se propone una ley, o un cambio en el gobierno, o cualquier cosa que requiera la opinión del pueblo, no cada 4 años, sino cada vez que suceda un evento, por estúpido que sea (desde poner un paso de cebra en tal calle hasta expulsar al Ministro del Sonido). Imagina que pudiera existir un gobierno a golpe de 'clic'. La voluntad del pueblo. Fin de la votación #105.a, a las 24:00 horas del día de hoy. El pueblo manda a golpe de 'clic'.

Ahora díselo al gobierno actual.

Yo me imagino las respuestas.

La oficial:

No sería viable, sería el caos, sería la anarquía, los comunistas manipularían las votaciones porque todos los jaquers son comunistas, los fascistas cortarían los cables de señal porque todos los fascistas son unos fetichistas con los cables y les encanta enrollárselos en los genitales. No, no, no. Bueno, ya lo estudiaremos. Tenemos a un hombre calvo y con gafas en un sótano-despacho, al que mandamos todas las propuestas hilarantes. Se llama 'Despacho de gilipolleces'. Veremos que dicen de su propuesta. Gracias por colaborar, gracias, gracias. Adiós.

La extraoficial:

¡Nos quedaríamos en el paro! ¡Adiós poder! ¡Adiós DINERO!