Después de muchos años he vuelto a ver esos entrañables mensajes de salida. Concretamente, los veo cuando salgo de trabajar como becario mal pagado, y mi cerebro intenta desdoblarse tanto que... excess flood.
Uno de los desdoblamientos tiene que resignarse a contemplar la inminente batalla entre una de mis prácticas versus un profesor nonagenario que chochea, tan impredecible como una de esas bolas-pequeñas-que-rebotan-mucho, y que huele a mezcla de pomada y clínica dental. Sus desvariaciones se merecen un post aparte.
Otro desdoblamiento se enfrenta a otras dos prácticas, a cada cual más interesante e inminente.
Otro desdoblamiento se enfrenta a varios exámenes que debo aprobar si quiero...
...presentar el trabajo de fin de carrera, habiendo recibido hoy la feliz noticia de que me han aceptado para el trabajo que solicité, y que además tengo que presentar el anteproyecto esta misma semana. Ni siquiera sé de qué va un anteproyecto, porque soy un punki, y lo dejo todo para el último momento. Que sean los nerds quienes se lean esas absurdas normativas.
Otro desdoblamiento recuerda aquello de "quien rie último, rie mejor". Yo me reía de los machacas del gimnasio y su incipiente vigorexia, y ahora soy yo el que se sube por las paredes por no haber ido en dos semanas.
Y ya ni siquiera sé escribir cursi. Ni siquiera se me ocurren más de dos sinónimos para cualquier palabra al azahar. Por supuesto, ésto no es tan sufrido como trabajar en la obra de sol a sol. A mí no me importaría verlo; cuando entro a trabajar aun no ha salido, y cuando me deslizo hasta la media espalda en mi silla, después de no haber parado en todo el día, son las 23:17, y sólo veo la luz del Mercadona. No sé qué vida es más divertida, si la de becario que se deja su sueldo en transporte público y cafés -que suben de precio sin parar-, o la que me pueda esperar a continuación: obrero de teclado en oficina sin material de oficina que robar, sodomizado por un geek que huele a sudor. El denominador común de ambas será, mucho me temo, tener que revivir hechos semejantes a los que relataba en los primeros artículos de este blog una y otra vez.
No sé qué parte es más correcta, si la de esforzarse por aprender, o la de dejarse llevar y no oponer resistencia a los sucesos de mi presente vida. O tal vez una mezcla de ambas, o tal vez ninguna. Da igual. Nada funciona.
Pero ya se me ocurrirá algún plan. Siempre se me ocurre alguno.