Uno de los iconos peliculeros de mi infancia, aparte de los Goonies, es el baúl del hermano mayor de Kevin en Solo en casa. No hay mejor forma de atraer a un prepúber que con un suculento y misterioso baúl prohibido de los secretos, como ya hicieran en su día con Ralph Wiggum. Era como comprarse cinco sobres de cromos y descubrir que se han equivocado y te han dado seis; abrirlo y que se te iluminara la cara con una luz dorada, y ver un montón de cosas de muchos colores, pero sobre todo petardos, y un paquete de Chiclets. Imagino que el baúl, en realidad, no sólo estaría lleno de artículos de broma, sino de pornografía, principalmente.
Pues bien, la esquina derecha del fondo de mi segundo cajón tiene los últimos restos del que fuera mi baúl secreto de las travesuras. A saber: una caja de tres (3) bombas fétidas, de las cuales sólo han sobrevivido dos (2); y un paquete de petardos, que deben estar podridos.
¡Pues hoy mi mejor amigo y yo hemos decidido hacer travesuras, y vamos a tirar las bombas fétidas en un bar que no nos gusta nada! ¡Que se jodan!

Pues han tenido que desalojar el bar entero
Loores pues.
Tal vez no sea lo mejor para dominar el mundo, pero vale.