Me gustan las asimetrías, excepto cuando se trata de mis patillas. Hace apenas diez minutos me estaba mirando en el espejo, y al contemplar el hemisferio izquierdo de mi rostro, ví que una de ellas rompía cual inesperada lluvia hachas en un concierto de Judas Priest.
La izquierda es menos poblada, más fina, y ha consumido menos carne del rostro que la derecha, que es viril y agresiva, y corta un centímetro y medio por debajo del hueso de la mandíbula. No obstante, anoche hice una obra maestra con la izquierda, teniendo en cuenta de que para perfilarlas utilizo un peine -para que me salgan las líneas rectas- y una cuchilla desechable. Debería usar navaja, pero no he encontrado ninguna en el alcampo. Total, que me ha quedado genial, teniendo en cuenta que es la izquierda.
Anoche se metieron mucho con mis patillas. En algunas ocasiones me han dicho que con gorra y patillas parezco un aparcacoches, y yo apuraba mis cinco minutos de gloria imitando a los susodichos, con frases como "Tsk tsk tsk ¡Jefe! ¡Aquí hay sitio!", y me ponía en mitad de la carretera a invitar a los coches a aparcar.
Pero anoche, me dijo un conocido:

"Si te veo por la calle con esas patillas y gritando "Oi! Oi! Oi!" me cambio de acera"

Y tampoco es para tanto. Me gustan mis patillas, aunque la palabra patilla no tanto.

PS.: Las fotos de mi móvil son deleznables