Yo pertenecía a la guardia de Stalin. Estoy en mitad de una batalla, éso es seguro, pues estoy aterrado y resguardándome del enemigo tras una pared de ladrillos medio derruída, muy bajo. Tan bajo que sólo puedo apoyar media espalda en él; el resto de mi cuerpo queda en contacto con piedras afiladas, cascotes y demás debris del suelo. Sólo soy consciente de este lugar: antes debía ser una habitación, puesto que las paredes delimitan una estancia rectangular y no muy espaciosa. También soy consciente de dos compañeros más: uno está en cuclillas resguardándose en la porción perpendicuilar de pared de mi derecha, y el otro está cuerpo a tierra en el centro de la habitación, apuntando a algo. No soy consciente del cielo, ni de qué o quién hay detrás de mi muro.
Estoy con el cuerpo ligeramente inclinado hacia la zona del muro más baja, por donde habremos de disparar o salir corriendo. Estoy esperando algo, pero nadie hace nada.
Por esa misma zona, cae volando una granada.
Miro al compañero en cuclillas, que me mira con expresión de horror. No puedo ver la cara del compañero que está en el suelo, pero sé que apenas dista unos centímetros de la granada. Estoy inmóvil.
Nadie dice nada.
La granada ha explotado, pero se prolonga el silencio que existía antes de que detonase. Estoy muy tranquilo. Todo está borroso, y noto que todo el calor de mi cuerpo empieza a juntarse en el centro, provocando una sensación de hormigueo conforme avanza por mis extremidades, y empiezo a flotar hacia arriba, contemplando la habitación por última vez.
Estoy sentado en mi cama, empapado en sudor.


ufffffffffffffffffffff........... jo-der!!
Aunque lamento estar de acuerdo con el del acróstico de arriba, debo decir que a-co-jo-nan-te.
Lo entiendo. En retrospectiva, me acojonó más la tranquilidad con la que veía cómo me había muerto. Me desperté pensando que tampoco era para tanto.
Imagino que en el sueño habrá errores de guión, como por ejemplo lo de que fuera de la Guardia de Stalin, cosa que ni siquiera sé si existe, o si existe y ha participado en algún conflicto; o que sintiera todo el calor de mi cuerpo reunirse en su centro cuando aquél debería estar hecho pedazos, repartidos por doquier.
Un recuerdo de una vida pasada, o una mala y casual asociación de ideas durante el sueño. No lo sé.
da igual, el caso es que te daba igual morirte, un valor propio de legionarios en campaña
Lo dicho. El 10 y no más.
mamadme los güevos
y volvedme a contar el cuento una vez haya terminado
Creo que no le hizo mucha gracia que minimizara el pánico ante su aparición inminente en este artículo de un mes y medio, ya que esta noche ha usado su derecho a replicarme...
En el fragor de una batalla donde lo más probable es morir, es bastante natural obviar ciertos temores.