Guiados por nuestro instinto animal, todos los años los estudiantes nos reunimos, en tres ocasiones, en torno a un tótem fálico para inaugurar con cafés largos, redbules -y su versión de 47 céntimos del Carrefour-, anfetaminas y pastillas para camionero, la temporada de exámenes. Prendemos fuego a contenedores, damos palizas a empollones y reventamos latas de cerveza contra nuestras frentes. Mientras unos cuantos hacen botellón -evento mediático de la década-, otros preparan bases autónomas de crack, y las animadoras hacen la pirámide de la victoria frente a la envidiosa mirada de las majorettes, que según la televisión siempre tienen algún defecto, como por ejemplo bombonas de butano insertadas en las nalgas. Los más politizados se dedican a pintar las paredes, esputar (del latín sputare) y redactar pasquines de ultraizquierda. Ya se nos ha olvidado todo lo que aprendimos con Barrio Sésamo; de espinete sólo sabemos que fue el primer punki (y porque lo dice una canción), y a Chema sólo lo asociamos con la cocaína -o heroína, no recuerdo qué se metía junto con la que hacía de espinete-.
Sentado frente a la hoguerita, con los pantacas llenos de tierra y la camisa de leñador desabrochada, me concentro no en los apuntes de mi regazo, sino en no regarlos con bilis, pues ahora está de moda estudiar borracho a la luz de un leño, en una bacanal digna de los enanos del mundo de Oz. Mañana despertaré y sólo quedarán maderos carbonizados, sosteniendo sus porras en una postura de horror, la típica de cuando mueres al salvar un carricoche que va a ser atropellado por un atracador de bancos. Y veré que todos los estereotipos de mi generación son un hecho, desde los descerebrados del equipo de rugby hasta los vengativos nerds. Cuando empiezan los exámenes nos ponemos muy tontos.
Ke veo, jovenes, pekeñuelos,
y todavia serenos?
¡Les kantaremos nuestra kanzión!
Atrako una vieja, kojo el monedero,
me voy a un suburvio, me pillo un talego
en un pub descargo mi adrenalina
kon musika punki y unas dexidrinas.
Los niños pekeños se ponen kalientes
kon un valium-10 y zerveza korriente
me komo algún tripi, me esnifo unas rayas,
me tomo unos wiskis, me gusta esta martxa.
Y de esta manera, ya todos muy ziegos
se apagan las luzes, se encienden los sueños.
Y si no les koloka, lo repiten de nuevo.
Manolo Kabezabolo - Kasimiro

3,2,1, ¡Da comienzo la temporada de exámenes! A falta de katovits (¡qué gran pérdida!) no están de más los redbuls (solos), anfetaminas y cuanto producto que reavitalice el cuerpo y el alma tengas a tu alcance (lisérgicos, canábicos...)
No escuches los maliciosos cantos de los Munchkins y resiste.Solo solo son unas cunatas semanas.
¡Ánimo!