En época de exámenes procuro no desaliñarme mucho, como hacen los que no dan palo al agua en todo el curso y quieren aparentar. Pero hoy me vendría bien un afeitado. Éso me ha hecho recordar que aun cuando estemos haciendo muchas cosas a la vez -como abrir un sobre de café soluble y hablar sin trabarse- debemos pensar bien lo que decimos, e incluso destinar alguna energía a ver si puede ser demasiado fácil malinterpretarlo. Así no pasan cosas como estas:

Ella: Qué guapo estás con barba
Yo ausente: Tú también