Nunca he sangrado de mi universidad. Mi universidad la rectoriza el señor Zapatero, Virgilio Zapatero. Y ayer me llegó un obsequio de Navidad: no la carta de pago de una matrícula común de doscientos cincuenta mil euros, sino un libro de autoayuda. Virgilio Zapatero nos felicita el cumpleaños del niño Jesús con un libro; el año pasado fue Sobre los deberes, de Cicerón. Un incunable que corona mi librería, llamando la atención de mis amigos cada vez que entran a mi cuarto:
−Anda, un libro −dicen sorprendidos.
−Seh.
Este año ha sido un libro de autoayuda, que mejorará mis relaciones púbicas, disparándolas en calidad y cantidad hasta verme convertido en una dinamo sexual, de ésas que se representan con trenes de alta velocidad entrando en túneles, o aparatos de extracción de petroleo, o una cadena de montaje de salchichas. El libro mola. Gracias Virgi.
Pero. ¡Eh! Señor. Virgilio. Hay cosas que deberías mejorar mientras dure tu recto -creo que el año que viene hay erecciones otra vez-.
En primer lugar, en la universidad no sólo sobran estudiantes. Mi facultad tiene la friolera de 19 ascensores, sin contar los secretos. 114 cuartos de baño. ¡114 cuartos de baño! También sin contar los secretos. Y todos huelen a flores o a baño hotel de cinco estrellas, no como los baños de los garitos punkis, que huelen a deposición o a pensión Loli. A lo largo de los dos pisos destinados a estudiantes -que antes eran tres-, habrá como 40 mesas enormes en las que caben seis personas con holgura destinadas -a priori- a estudiar; y no es que sobren. Lo que sobran son yoimis.
Los yoimis (punkismo de Yo y mi portátil) son la lacra de la Escuela Politécnica. Son geeks que en su día compraron el portátil de oferta de la Universidad de Alcalá, y se pasan las dieciséis horas de la jornada lectiva sangrando la WiFi de la facultad, jugando al OGame, jugando al Counter Strike, o poniéndose fondos de escritorio de Linux en su Windows XP -hecho verídico-. Los que preferíamos jugar al jaki entre clase y clase estamos desfasados: los yoimis nos miran mal y luego nos llaman al orden, exhortación que solemos pasarnos por el forro de las pelotas, o del jaki. No hay nada más sufrido que estar estudiando en una de esas mesas llenas de marcas de cigarrillo (o porro, o lonchas de farlopa) y que se te ponga un clon -en aspecto y personalidad- del gordo de la tienda de cómics de los Simpson y se ponga a echarse unos tiros al Counter Strike, con sus botes, sus sobresaltos, sus Ay, sus OWN3D!!1!!11, sus tip y sus LOL.
La culpa la tiene el boom de la informática. Con lo tranquilos que eran los tiempos del Norton Commander, del QD2, del MS-DOS 6, de los juegos de Sierra hechos con el maravilloso Agi Studio (os aconsejo que le echéis un vistazo y destrocéis algún juego de la época con él) y del más tardío Monkey Island.
Me hubiera gustado estar en mi facultad con ocho años de edad, cuando no existían Yoimis (en esa época a lo sumo aporrearían la Master System), y predominaba el guitarreo, el fumeteo y el punkeo que está desapareciendo acribillado por la pretenciosidad geek. Virgilio, que me estoy yendo.
Mi última petición es que arregléis las putas máquinas, porque estoy harto de que se queden atascados los bollos y me mire mal la gente por curtirlas a patadas (aunque están empotradas en la pared y sea infructuoso). También podrías bajar un poco los precios de las baguettes de una cafetería que, por otra parte, es bastante buena. Excepto por los eufemismos. No he visto lugar donde llamen de tantas maneras a un plato de pasta con dos litros de aceite.
Gracias Virgilio por hacer de la universidad de Alcalá de Henares un sitio no de baja calidad humana y docente: de ínfima calidad humana y docente. Bromeaba. Tu universidad mola, aunque sea un poco el culo del mundo. A ver si puedes seguir rectorizando unos cuantos años más, tienes cara de majete.

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Escuela Técnica Superior de Ingeniería Informática - http://etsii.uah.es