Nació y creció en un palacio de dos kilómetros de altura, hecho de ácido acrílico polimerizado, en la capital de otro planeta que está por descubrir. Después de vender Apple Computer por un puñado de pavos, Ramón Cin inventó la música, y después el punk. Y todo el mundo conoce, tararea y baila alegre y despreocupadamente sus canciones, que tanto inspiraron a Salieri. Su aparición en el panorama musical español marcó un antes y un después, y los expertos abogados han convenido que todos los géneros musicales -incluso los que provienen allende de los mares- son subgéneros del Ramonceen -que no Remington- style. Los comunistas comenzaron allá en el 1951 una campaña de desprestigio contra Su Persona, y por ello en los últimos pasajes de la Biblia se puede encontrar el siguiente acierto judicial:
Yo, Dios, afirmo que:

  • Es falso que nadie conoce a Ramoncín
  • Es falso que nadie ha escuchado la música de Ramoncín
  • Es falso que la aportación de Ramoncín al género musical es equivalente a cero (por reducción al absurdo)
  • Es falso que ahora vive de la mendicidad
  • Es falso que la SGAE otorga limosnas a Ramoncín para costearse la aparición en programas de cultura de La 2

Destinamos nuestras últimas líneas a rogarle dispense los inconvenientes derivados del mal funcionamiento de nuestro servicio, y confiamos en volver a tenerle en nuestra cartera de clientes, en la que metemos la mano de vez en cuando en busca de sacrificados donantes de glándulas pineales frescas (para mascar).

Firmado,
Ramoncín, Vicepresidente Ejecutivo