Últimamente apenas tengo tiempo de escribir nada: me paso el día buscando una cama donde caer muerto en Amsterdam, para poder estar cerca de mi Atmita. Por ahora lo que encuentro es, en la mayoría de los casos, respuestas negativas; y en una minoría de casos, ofertas con dudosas insinuaciones eróticas homosexuales implícitas, a las que tendré que sucumbir en caso de que no quiera dormir en uno de los hermosos parques de Amsterdam. Allí es jodido lo de dormir debajo de un puente, por la sencilla razón de que debajo de todos los puentes hay un canal, y en un canal hay agua, y en ese agua suele haber cuerpos en avanzadísimo estado de descomposición de jóvenes borrachos. Borrachos insensatos que —en bici, a pie o a caballo— alcanzaron el clímax de su embriaguez tropezando, y llegaron a su ocaso en el fondo del agua del río Amstel. Seguro que hay otras cosas interesantes bajo los canales de Amsterdam aparte de cadáveres: bicicletas oxidadas, coches oxidados, zapatos comestibles o Fraga.
Seguiré buscando.
Mientras tanto, podéis adquirir unas servilletas de la gama Gracias por su visita con un autógrafo y una dedicatoria personalizada (de mi puño y letra, nada de plantillas de word). La finalidad del evento no será total, timorata y exclusivamente benéfica para mí: los afortunados compradores verán cómo su preciada porción de celulosa se revaloriza con el paso del tiempo, hasta alcanzar precios desorbitados como los de los cromos americanos de jugadores de béisbol. Y de paso, me ayudaréis a no morir devorado por Fraga mientras intento conciliar el sueño en lo profundo del Caribe un canal de Amsterdam. Parte del dinero se destinará, así mismo, a atentar contra la vida de errores como Alejandro Sanz, Mojinos Escozios o alguien a quien odiéis mucho.
Podéis escribirme un correo para comenzar las negociaciones.