Fotografiar. Masajes. Sonrientes hoyuelos cerca de la nariz. Buscar música nueva. Las campanas de los tranvías. Incursiones de cualquier tipo. Cosquillas. Ropa a rayas, rayas de muchos colores. Las melodías de las campanas de Westertoren. Gaviotas. Tardes de domingo con Los Goonies. Galletas de chocolate. Ir en bicicleta al trabajo. Comida multicultural. Crujir las rodillas. Teto. Relajarme escribiendo en el blog. Hugo Deep Red. El sonido de los intermitentes de los coches. Tostadas con mucha mantequilla. Espasmos. El olor de la lluvia en verano. Viejas películas en blanco y negro que emiten en la 2. Acordeones (por algún motivo, la gente parece odiarlos). Radio 3. Salir de noche y que huela a hoguera, especialmente si ronda la Navidad. Champús de chica -los que huelen a fruta- y las tentaciones que desencadenan. Radiohead's Talk Show Host. Gustavo Adolfo Bécquer. Quedarnos en el Coliseum hasta que cierren. Amasar cualquier cosa que se pueda amasar. Mi cazadora. El sonido de las lechuzas-paloma cuando voy a trabajar, o durante las mañanas de Benicàssim. Sandwiches de nocilla de tres o más pisos. Imperfecciones, de cualquier naturaleza. Leonor Watling. Jugar con imanes. Chocolate amargo. La Coctelera. Viajar en tren. Las películas navideñas de Chevy Chase. Patatas fritas (de las de freidora, no de las de bolsa). Áreas de descanso de autopistas. Cherry Coke. Empezar a ver Pulp Fiction en un punto al azar. Oler cada revista, libro, periódico, etc. que cae en mis manos (sobre todo si son viejos). Encender y apagar cerillas. Despensas, de esas con muchos botes de comida y frutas confitadas. El olor de las velas al apagarse. Ver y escuchar la lluvia desde el coche. Nuca y espalda. Coger un libro al azar. Jardines Zen. Lolita Lempicka. El sabor del agua del mar. Conducir por carreteras desiertas. El aire fresco de los amaneceres veraniegos. Postres del VIPs. Ilustraciones de El Roto. El olor del Cristasol. Queso hasta el empacho. El sonido del bajo. Mis 507. Asimetrías. Despertarme y ver que me quedan, mínimo, una o dos horas de sueño. Niebla. Panetones con mucho azúcar glas. Repelar masa cruda de bizcochos y sucedáneos de las batidoras. Nudos buenos en el estómago. Murcia. Leche con canela y limón. Viajar y notar la humedad del -cada vez más cercano- mar al salir del coche para echar gasolina. Tardes de verano con golondrinas. Música. Miedo y Asco en Las Vegas. Lunares. No terminar nunca esta lista.